Entre Grises




Hay ciertas personas que no son merecedoras de lo que el universo les otorgó. Personas que van tanteando en la oscuridad, ciegamente, aferrándose a los demás (a “lo” demás). Sucios y arrastrados, son felices. Su felicidad es un estado de carencia. Su felicidad es el mínimo esfuerzo. Su felicidad es manchar, destruir, alejar, simplemente para no aceptar su desnudez. Su desprecio por el otro ni siquiera es odio. Son incapaces de amar y de odiar. Estos antagónicos sentimientos requieren de un gran empeño, de tiempo y esfuerzo. Amar y odiar se llevan algo de uno, pero el hombre mediocre no está dispuesto a dar nada de si, ni para él ni para nadie. Amar es mucho para ellos. Odiar es demasiado. Quieren empatarle a la vida. Pasarle por el costado. Quieren ser descalificados. Expulsados de la vida, les regocija gritar “que no han perdido”… aunque tampoco hayan ganado.

Hay ciertas personas para las que ir gateando es mucho y van a ir arrastrándose hasta el final. Su consuelo es la mentira. Y al mentirse son felices.

Hay personas, que por no dignificar la vida, la hacen terrible. Personas que dan al mundo tan poco como se dan así mismos.

 Pues hay personas que no solo son incapaces de dar algo por el mundo o por los demás, sino que tampoco son capaces de hacerlo por ellos mismos.



Somos tan tontos y tan cuerdos, que seguimos tendiendo nuestra mano, aún cuando sabemos que del otro lado la respuesta siempre será la misma; (puntos suspensivos). 

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